Omu
Omu DESCANSO NOCTURNO - EL DOCTOR SE VUELVE DEVOTO
Nos fuimos a dormir muy a gusto.
A los pies de la cama matrimonial de Po-Po había otra, más pequeña, de madera de koar; su interior era plano, elástico y ligero, hecho con una cuerda delgada y fuerte de fibras retorcidas de corteza de coco, tejida en torno a una especie de cadena, en el que se apoyaba una sola estera, muy bonita, con un rollo de helechos secos a modo de almohada y un trozo de tappa blanca como sábana. Esa cama era la mía. Al doctor se le dio otra, en un rincón.
Lu descansaba sola en un sillón, con una candela encendida a su lado; su hermano el dandi se columpiaba más arriba en una hamaca marinera. Las dos gacelas jugueteaban en una estera cercana, y las parientas pobres tenían, prestado, un rinconcillo del camastro del viejo mayordomo, que roncaba junto a la puerta abierta. Cuando todos se habían retirado ya, Po-Po puso el melón encendido en medio de la habitación, y así dormimos hasta la mañana.
