Omu
Omu Además de los lechos, integraban el mobiliario tres o cuatro arcones de marinero, en los que se guardaban las bonitas prendas de los habitantes de la casa: las camisas de Po-Po, de lino y adornadas con volantes; los vestidos de calicó de su mujer y de sus hijas, y diversas fruslerías europeas, como sartas de cuentas, lazos, espejos dorados, cuchillos, estampas ordinarias, manojos de llaves, piezas de china y botones de metal. Uno de esos baúles —usado como sombrerera por Arfretí— contenía varios sombreros nativos (los cubos de carbón), todos del mismo modelo, pero adornados con lazos de distintos colores. De nada estaba más orgullosa nuestra anfitriona que de esos sombreros y sus vestidos. Los domingos salía de casa una docena de veces, y cada vez con un vestido distinto, como la reina Isabel.
Po-Po, por una causa u otra, siempre nos servía la comida antes que al resto de la familia, y el doctor, muy perspicaz en esos temas, afirmaba que nosotros comíamos con más ganas que ellos. Era cierto que, si los huéspedes de Irimiar hubiesen viajado con bolsos, baúles y cartas de presentación para la reina, no podrían haber recibido más atenciones.