Omu
Omu Por los jardines se paseaban unos sesenta u ochenta nativos, hombres y mujeres, vestidos con elegancia; algunos descansaban a la sombra de los edificios, otros lo hacían bajo los árboles, y un pequeño grupo conversaba cerca de la valla, frente a nosotros.
Nos acercamos a estos últimos y, tras el saludo habitual, estábamos a punto de pasar por encima del cercado, cuando se volvieron airados, y nos dijeron que no podíamos entrar. Declaramos nuestro ardiente deseo de ver a la reina, dando a entender que éramos portadores de importantes despachos. Pero fue inútil y, no poco enfadados, tuvimos que volver a casa de Po-Po sin conseguir nada.