Omu

Omu

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Nada descorazonados por estas cosas, decidimos matar el tiempo en Partoowye hasta que se produjera algún acontecimiento más favorable a nuestros proyectos. Ese mismo día, pues, hicimos una excursión hasta el barco, que estaba anclado en un punto alejado de la bahía y aún no habíamos visitado.

De camino, cuando pasábamos delante de un cobertizo largo y bajo, una voz nos saludó.

—¡Eh, hombres blancos!

Nos volvimos, y a quién íbamos a ver sino a un inglés de mejillas sonrosadas (se veía su nacionalidad a primera vista), con las rodillas cubiertas de las virutas de un banco que estaba cepillando. Resultó ser un carpintero que había desertado de un barco, recién llegado de Tahití; estaba haciendo buen negocio en Imeeo fabricando armarios y otros objetos para las mansiones de los jefes ricos y, de vez en cuando, probaba la mano en alguna caja de bártulos femeninos. Llevaba sólo unos pocos meses instalado en el pueblo, y ya era dueño de casas y tierras.

Pero aunque tenía la bendición de la prosperidad y una buena salud, había algo que le faltaba: una esposa. Cuando empezó a hablar de este tema, se inclinó sobre su cepillo con la cara ensombrecida.

—¡Qué duro es —suspiró— tener que esperar tres largos años, y que entre tanto mi querida Lulí viva en la misma casa que ese endiablado jefe de Tahaa!


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker