Omu
Omu LOS TATUADORES DE LA DOMINICA
Mientras la Julita navega por su cuenta, expondré aquí parte de la peculiar información que obtuve de Hardy.
El renegado había vivido tanto tiempo en la isla que sus costumbres le eran muy familiares, y lamenté mucho que, por la brevedad de nuestra estancia, no pudiera decirnos más de lo que nos dijo.
Sin embargo, por lo poco que logré comprender, me enteré con sorpresa de que, en ciertas cosas, aunque pertenecía al mismo grupo de islas, la gente de Hiva-Oa se diferenciaba considerablemente de mis tropicales amigos del valle de Taipí.
Como su tatuaje atraía tanta atención, Hardy tenía mucho que decir sobre la forma en que ese arte se practicaba en la isla.
En todo aquel archipiélago, los tatuadores de Hiva-Oa gozaban de no poca reputación. Habían llevado su arte a la máxima perfección, y se adjudicaba a su profesión una total dignidad. No era de extrañar, pues, que pusieran alto precio a sus servicios, tal como los sastres elegantes, tanto más cuanto que sólo los que pertenecían a las clases más altas se los podían permitir. Tan cierto era esto que la elegancia de los tatuajes de una persona era, en la mayoría de los casos, una señal inequívoca de buena cuna y riquezas.
