Omu
Omu Para empezar el trabajo, se considera que el mejor momento es la adolescencia. Después de buscar a algún tatuador prominente, los amigos del joven lo llevan a su casa, para que se establezcan las líneas de un plan general. Lo propio de un maestro es que tenga buen ojo, porque un traje que se ha de llevar de por vida debe estar bien cortado.
Algunos tatuadores, ávidos de perfección, emplean, pagando grandes sumas, a uno o dos hombres de entre los más humildes, tipos ruines que para nada se preocupan de su apariencia, y en ellos prueban primero sus dibujos y hacen una práctica general. Cuando sus espaldas ya están llenas de garabatos, hechos sin reparo ninguno, y ya no queda más espacio, se los despide, y a continuación son el blanco del desprecio de sus paisanos.
¡Desventuradas criaturas, martirizadas de ese modo por la causa de las Bellas Artes!