Omu
Omu Durante el reinado de los Pomaré, los grandes jefes de Tahità fueron algo asà como los barones del rey Juan.48 MantenÃan su dominio feudal sobre los valles de su patrimonio y, pensando en sus descendientes, apoyados en el cariño de su gente, a menudo recortaban los ingresos reales negándose a pagar los tributos tradicionales, que debÃan entregar como vasallos.
Lo cierto es que la institución real, con la influencia de los misioneros, perdió en Tahità mucho de su dignidad y de su poder. En los dÃas del paganismo, tuvo el apoyo todopoderoso de un clero nutrido, y estaba solemnemente relacionada con la idolatrÃa supersticiosa de la tierra. El soberano era una especie de descendiente de Tararroa, el Saturno de la mitologÃa polinesia, y primo carnal de divinidades inferiores. Su persona se consideraba tres veces sagrada; si entraba en una vivienda plebeya, aunque fuese por muy breve espacio, la casa se demolÃa en cuanto el rey se marchaba, porque se creÃa que ningún mortal corriente era digno de habitar en ella después.
—Yo soy más grande que el rey Jorge —decÃa el incorregible y juvenil Otú a los primeros misioneros—. Él monta a caballo y yo, sobre un hombre.
Y asà era. Otú viajaba en postas por sus dominios, a hombros de sus súbditos, y en todos los valles habÃa relevos de almas inmortales.