Omu

Omu

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

CAPÍTULO LXXXI

VISITAMOS LA CORTE

 

Fue hacia la mitad del segundo mes de la Hégira y, por lo tanto, unas cinco semanas después de nuestra llegada a Partoowye, cuando por fin conseguimos que nos permitieran entrar en la residencia de la reina.

Ocurrió así. Al servicio de Pomarea había un marquesano, que cumplía las funciones de ayo de los hijos de la reina. Según la costumbre tahitiana, los príncipes van a todas partes, y se requiere bastante fuerza para controlarlos. Para esto, Marbonna era el hombre indicado: robusto, muchos músculos, proporciones estatuarias, y un brazo que parecía un muslo tahitiano hipertrofiado.

En su isla se había embarcado como marinero de un ballenero francés, del que había desertado en Tahití; allí le vio y admiró Pomarea, y así consiguió entrar en su servicio.

A menudo, cuando nos acercábamos a la residencia real, le veíamos paseándose por los bosquecillos, llevando a dos niños preciosos, que le rodeaban el cuello con sus brazos. La cara de Marbonna, tatuada según el estilo ornamental de su tribu, era como un libro de estampas para los jovencitos Pomaré. Se divertían siguiendo con los dedos las líneas de las extrañas formas dibujadas en el rostro.


Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker