Omu
Omu Además de los especialistas habituales, hay una cantidad de mÃseros tatuadores ambulantes que, gracias a su actividad, se mueven sin que nadie los moleste de una rada hostil a otra, a la vez que hacen su trabajo más que barato para la chusma. Siempre acuden a las muchas fiestas religiosas, donde se reúnen grandes multitudes. Cuando terminan las celebraciones, y de los lugares donde se hicieron se marchan incluso los tatuadores, docenas de pequeñas tiendas de tappa ordinaria quedan en pie, cada una con un solitario parroquiano que, con la prohibición de hablar con sus vecinos no visibles, debe quedarse allà hasta curarse por completo. Los ambulantes son un baldón para su profesión, simples remendones, que no hacen más que lÃneas serradas y manchas torpes, y por completo incapaces de remontarse hasta esas cimas de fantasÃa que alcanzan los señores de alta escuela.