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CAPÍTULO XI

EL BROMISTA DOCTOR FANTASMA LARGO - UNA DE SUS JUGARRETAS

 

Por muy serio que se mostrara a veces, el doctor Fantasma Largo era un bromista excepcional.

Todos saben que los marineros son amantes de la diversión en tierra firme, pero en la mar se vuelven verdaderamente locos por ella, o sea que esas bromas se merecían el correspondiente aprecio.

¡Aquel pobre cocinero negro! Desataba su hamaca por la noche, y se encontraba en ella un leño mojado y bien dormido, y después, por la mañana, se despertaba con toda la cabeza embreada. O destapaba sus cacerolas y descubría una vieja bota que se estaba cociendo en una salsa bien espesa, o a veces había en su horno tortas de brea confitándose.

Las desventuras de Baltimore 8 eran terribles: no tenía paz ni de noche ni de día. ¡Pobre hombre! Era demasiado bueno. Se diga lo que se diga sobre la gente de buen carácter, es mucho mejor, en algunas cosas, tener la naturaleza de un lobo. ¿Quién hubiese pensado siquiera en tomarse libertades con el ceñudo Dan el Negro?

La más curiosa de las bromas del doctor consistía en izar a los hombres por el pie o un hombro, cuando se dormían sobre la cubierta durante las guardias nocturnas.


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