Omu
Omu MUERTE Y FUNERALES DE DOS TRIPULANTES
La alegría que a veces reinaba entre nosotros estaba en extraño y chocante contraste con la situación de algunos de los enfermos. Así me lo parecía a mí, al menos, aunque no a los demás.
Pero por estos días se produjo un acontecimiento que, al superar con mucho los casos más deplorables de sufrimiento, hizo que la consiguiente conducta de la tripulación resultase menos áspera para mis sentimientos.
Llevábamos unos veinte días de navegación cuando dos de los enfermos que habían empeorado rápidamente murieron una noche, con una hora de diferencia entre ambos.
Uno ocupaba la litera contigua a la mía, y durante varios días no se había levantado de ella. Durante ese período a menudo caía en el delirio, se incorporaba, miraba a su alrededor, y a veces agitaba descontroladamente los brazos. En la noche de su muerte, me acosté poco después del comienzo de la guardia central, para despertarme de una vaga pesadilla de horrores con algo húmedo y frío encima.
Era la mano del hombre enfermo. Dos o tres veces, en la noche anterior, la había extendido hacia mi litera y yo la había quitado de allí en silencio, pero en ese momento me sobresalté, y la aparté con fuerza. El brazo cayó duro, tieso, y supe que el hombre estaba muerto.
