Omu
Omu Desperté a los demás; de inmediato enrollaron el cadáver en los jirones de sábana sobre los que yacÃa, y lo llevaron a cubierta. Se llamó al contramaestre, y se hicieron los preparativos para un inmediato funeral. Pusieron el cuerpo junto a la escotilla de proa, y allà cosieron a su alrededor una hamaca; a los pies pusieron unos «lingotes» en lugar de una bala. Hecho esto, lo transportaron hasta el portalón, y lo colocaron sobre una tabla apoyada sobre las batayolas. Dos hombres sujetaban el extremo interno. Para dar cierta solemnidad a la ceremonia, el barco aminoró su velocidad poniendo en facha la gavia del palo mayor.
El contramaestre, muy lejos de estar sobrio, se puso en pie tambaleando, se agarró de un obenque y dio la orden. El tablón se alzó y el cuerpo se deslizó lentamente y cayó al agua con un chapoteo. Una o dos burbujas y ya no se vio nada más.
—¡Tensad los cabos!
La vela mayor volvió a su lugar y el barco siguió su rumbo, mientras el cadáver quizá se estaba hundiendo aún.