Omu
Omu CAMBIA NUESTRO DESTINO
No mucho tiempo después de la muerte de los dos hombres, se dijo que el capitán Guy empeoraba rápidamente y, al cabo de uno o dos días, que estaba moribundo. El doctor, que antes se había negado a entrar en el camarote principal por encima de cualquier consideración, en ese momento cedió, e hizo una visita profesional a su antiguo enemigo.
Prescribió un baño caliente, que fue preparado. Se desmontó el tragaluz, se bajó una cuba al camarote, y se llenó con cubos de agua de la caldera del barco. Los gritos del paciente cuando lo sumergieron en ese despiadado baño inspiraban una terrible pena.
Esa noche el maestre, que estaba completamente sobrio, se acercó al molinete, donde descansábamos, y pidió que fuéramos a popa el doctor, yo mismo y dos o tres de sus favoritos; una vez reunidos, en presencia de Bembo, el maorí, nos habló de esta manera:
