Typee
Typee Haciendo caso omiso a su señal, me acerqué con rapidez a su lado y divisé dos figuras parcialmente ocultas por el denso follaje; estaban paradas juntas y totalmente inmóviles. Debían habernos visto antes y se retiraron a las profundidades de la selva para evitar que los viéramos.
Mi mente no dudó un instante. Dejé caer mi bastón, rasgué el paquete de cosas que había traído del barco y desenrollé la tela de algodón; sosteniéndola con una mano, arranqué con la otra una ramita de los arbustos que tenía a mi lado, y diciéndole a Toby que siguiera mi ejemplo, salí de la espesura y avancé unos pasos, meneando la rama en señal de paz hacia las agazapadas figuras que tenía ante mí.
Eran una muchacha y un muchacho, apuestos y graciosos, y totalmente desnudos, salvo por una leve faja de corteza, del cual pendía en lados opuestos dos de las rojizas hojas del árbol del pan. Un brazo del muchacho, medio oculto a la vista por los sueltos mechones de ella, estaba sobre los hombros de la joven, mientras que el otro sostenía una de las manos de ella; y así permanecieron juntos, con sus cabezas inclinadas hacia delante atentos al más leve ruido que hacíamos en nuestro avance y con un pie puesto adelante, como preparados para huir de nuestra presencia.