Typee
Typee Aunque me asaltaron algunas dudas, fingí gran deleite con Toby al escuchar este anuncio, mientras que mi compañero irrumpió con una pantomima de rechazo hacia los taipis y un inconmensurable amor por el valle particular en que estábamos. Nuestros guías no dejaron de mirarse preocupados uno al otro como no pudiendo explicarse nuestra conducta.
Apuraron el paso y los seguimos, cuando repentinamente lanzaron un extraño grito, el cual recibió respuesta del otro lado de la arboleda que atravesábamos y en un segundo entramos en un claro a cuyo extremo se divisaba una choza larga y baja y frente a ella varias jóvenes. Tan pronto nos vieron, huyeron gritando salvajemente hacia las malezas aledañas como asombrados cervatillos. Unos momentos después todo el valle retumbó con un salvaje alboroto y los nativos corrieron hacia nosotros provenientes de todos lados.
Si un ejército invasor hubiera irrumpido en su territorio no hubiera levantado tanto alboroto. Pronto nos vimos rodeados por una densa multitud y su ansioso deseo de vemos, casi nos impidió avanzar; una cantidad igual rodeó a los jóvenes guías que, con sorprendente volubilidad, parecían explicar las circunstancias en que nos habían encontrado. Cada palabra de la explicación pareció redoblar la sorpresa de los isleños, que nos miraban inquisidores.