Typee
Typee Después de unos minutos, el mensajero volvió a entrar en la casa con un anciano que podría haberse tomado por el mismísimo Hipócrates[23]. Su cabeza era tan calva como la cáscara de un coco, fruto que precisamente se asemejaba a él en textura y color, mientras una larga barba argentina caía casi hasta su taparrabos de corteza de árbol. En torno a sus sienes tenía una venda de hojas trenzadas del Omoo, presionada muy cerca de las cejas para proteger su débil vista de los rayos del sol. Sus torpes pasos se apoyaban en un largo palo parecido a la vara con que los magos aparecen en escena y en la otra mano portaba un gran abanico de las verdes hojas del cocotero. Una gran bata de tapa, anudada sobre el hombro, colgaba ampliamente cubriendo su encorvada figura y realzaba su aspecto venerable.