Typee
Typee Luego de la comida, mi asistente dispuso las esteras para dormir y ordenándome acostarme, me cubrió con un gran lienzo de tapa, me lanzó una mirada de aprobación y dijo:
— Kai-kai, nai no, ¡ah! moi moi mortarki (Comió mucho, ¡ah! dormirá muy bien.)
No quise discutir la filosofía de esta sentencia, pues por las varías noches insomnes pasadas y la disminución del dolor de la pierna, me sentí inclinado a aprovechar la oportunidad que me daban.
A la mañana siguiente, al despertar, encontré a Kori-Kori acostado a mi lado, mientras mi compañero yacía al otro lado. Me sentí sensiblemente repuesto después de una noche de sólido reposo y de inmediato accedí a la propuesta de mi ayuda de cámara de que debía asearme, aunque temeroso de realizar ese ejercicio. Sin embargo pronto me vi aliviado de ese temor; pues Kori-Kori, saltando del pai-pa¡ y apoyando su espalda en él, como un hombre dispuesto a cargar un pesado fardo, con vociferaciones y gestos excesivos me dio a entender que me subiera a su grupa que así me llevaría hasta el arroyo que corría a unas doscientas yardas de la casa.