Typee
Typee Un poco embarazado por la presencia de muchachas entre la multitud y sintiendo el rubor en mis mejillas por la penosa timidez, hice un cuenco primitivo uniendo ambas manos y me refresqué la cara con el agua; luego, me quité la camisa e inclinándome me lavé de la cabeza a la cintura en el arroyo. Tan pronto como Kori-Kori comprendió por mis movimientos que ese sería todo mi aseo, se mostró completamente perplejo y acercándose apresurado vertió un torrente de palabras en franca desaprobación por mi austeridad, instándome con señales inconfundibles a sumergirme por completo. Tuve que acceder a sus indicaciones; y mi honesto acompañante, mirándome como a un niño obstinado e inexperto a quien debía servir aun a expensas de ofenderlo, me levantó de la roca y suavemente me aseó las piernas. Terminada su tarea y devolviéndome a mi asiento, no pude evitar admirar el paisaje que tenía a mi alrededor.
Desde las verdes superficies de las grandes rocas que habían esparcidas por el lugar, los nativos ahora se dejaban caer al agua lanzándose en clavado y nadando por debajo de la superficie en todas direcciones; las muchachas saltaban dentro del agua dejando ver su desnudez con sus largas trenzas danzando sobre los hombros, sus ojos brillando como gotitas de rocío a los rayos del sol y su alegre risa brotando ante cualquier gracioso incidente.