Typee
Typee Ahí estaban los árboles prohibidos del valle, escenario de muchas fiestas religiosas, de muchos ritos salvajes. Bajo las oscuras sombras de los consagrados árboles del pan reinaba una penumbra solemne, una penumbra eclesiástica. El temible genio de la adoración pagana parecía rondar en silencio el lugar, esparciendo su hechizo sobre todos los objetos que encontrara. Aquí y allá, en las profundidades de estas sombras horribles, semiocultos a la vista por masas de colgante follaje, se alzaban los idolatrados altares de los salvajes, construidos de enormes y pulidos monolitos negros colocados uno sobre otro sin cementar hasta una altura de doce o quince pies y rodeados por un rústico templo abierto, encerrado dentro de una baja valla de cañas y en el cual podía verse, en distintos grados de decadencia, ofrendas de frutas del pan y cocos, así como restos putrefactos de algún sacrificio reciente.