Typee
Typee Una mañana que yo permanecía aún en las esteras sumido en melancólicos pensamientos sin ver quién me rodeaba, Toby, que se había levantado una hora antes, volvió con mucha prisa y con gran júbilo me dijo que me alegrase y animara porque creía, de acuerdo con lo que había oído entre los nativos, que unos botes se acercaban a la bahía.
Esto operó en mí un mágico efecto. La hora de nuestra liberación parecía haber llegado y al levantarme me convencí de que ocurría algo inusitado. La exclamación "¡Boti!" se repetía en todas direcciones; a lo lejos se oían gritos, al principio débiles, pero luego crecían acercándose hasta ser comprendidos por un individuo que subido en lo alto de un cocotero cercano, los transmitía a otro palmar y de allí se repitió a otro hasta que la noticia llegó a lo más recóndito del valle. Este era el telégrafo oral de los isleños; por medio del cual la información abreviada podía llegar en cuestión de minutos desde el mar a los sitios más remotos hasta una distancia de ocho o nueve millas. En esta ocasión el correo funcionó activamente y una información era seguida por otra con inconcebible velocidad.