Typee
Typee El isleño, colocando el palo oblicuamente contra algún objeto con uno de sus extremos formando un ángulo de 45 grados, monta a horcajadas en él como un chiquillo que va a galopar sobre una caña y luego toma el pedazo de madera firmemente con ambas manos a la vez que hace rozar su punta lentamente hacia arriba y abajo a lo largo de unas cuantas pulgadas sobre el palo principal, hasta que hace una ranura en la madera, con un abrupto final en la punta que está más alejada de él, donde todas las partículas creadas por la fricción se acumulan en un montoncito. Al principio Kori-Kori empezó despacio, pero gradualmente aceleró el paso produciendo calor con la fricción, accionando furiosamente el palo a lo largo de la humeante canaleta, moviendo sus manos con impresionante rapidez, transpirando por cada poro de su cuerpo. Al llegar al clímax de su labor, se detiene jadeante con sus ojos casi saliéndose de sus órbitas por el violento ejercicio. Este es el punto crítico de la operación; todos sus esfuerzos anteriores son vanos si no mantiene la rapidez del movimiento hasta que aparece la trabajosa chispa. De pronto se detiene y queda totalmente inmóvil. Sus manos aún retienen el pequeño pedazo de madera que es convulsivamente empujado por la canal hasta el extremo del palo entre el finísimo polvo acumulado allí, como si hubiera ensartado a una culebra que estuviera retorciéndose y luchando por escapar de sus garras. Al siguiente momento una delicada columnilla de humo sube en el aire en espiral, se enciende el aserrín y Kori-Kori, casi sin aliento, desmonta de su cabalgadura.