Typee
Typee Esparcidos entre las canoas pude observar una serie de cocos que flotaban muy unidos en grupos y se sumergían una y otra vez con el vaivén de las olas. Por algún motivo inexplicable los cocos se acercaban gradualmente a nuestro barco. Me incliné con curiosidad a la borda tratando de descifrar el misterio, cuando un grupo más avanzado que los demás, atrajo mi atención. En su centro pude adivinar la forma de un coco, pero de una de las especies más extraordinarias que haya visto jamás. Giraba y danzaba constantemente entre los demás de la manera más singular y a medida que se acercaba, le noté un marcado parecido con el pardo cráneo rapado de uno de los salvajes. Luego reveló un par de ojos y comprendí que lo que había tomado por un fruto era en realidad la cabeza de un indígena, quien había adoptado este peculiar modo de llevar su producto al mercado. Los cocos estaban unidos con tiras de la cáscara, parcialmente arrancada y amarradas con aspereza. Su dueño había introducido la cabeza entre ellos e impulzaba su collarín de cocos con un movimiento de piernas debajo de la superficie del agua.