Typee
Typee Aunque las teorías religiosas de las islas me fueran totalmente desconocidas, su operación práctica y cotidiana no podía ocultarse. Con frecuencia pasé por los templetes que reposan bajo las sombras de los bosques tabúes y observé las ofrendas: frutas mohosas extendidas sobre un tosco altar o colgando en cestas medio rotas alrededor de alguna imagen rústica, presencié los festivales, diariamente vi los sonrientes ídolos alineados en la tierra del Hula-Hula, y a menudo acostumbraba encontrarme con los que consideré sacerdotes. Pero los templos me parecían abandonados a la soledad; los festivales no habían sido sino una jovial reunión de la tribu; los ídolos eran tan inofensivos como cualquier pedazo de madera y los sacerdotes eran los hombres más alegres del valle.
En realidad los asuntos religiosos en Typee estaban bastante relegados: todos ellos influían muy poco sobre los despreocupados indígenas; y en la celebración de muchos de sus ritos, parecían buscar una especie de distracción infantil.
Una prueba curiosa de ello se dio en una importante ceremonia en que a menudo vi participar a Mehevi y a varios jefes y guerreros más, pero ni a una sola mujer.