Typee

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En cuanto a Mehevi, lo suponía un perfecto solterón, así como a la mayoría de los jefes principales. En cualquier caso, si tenía esposas y familia, debían estar avergonzadas, pues estoy seguro de que no se preocupaba por su hogar. En realidad, Mehevi parecía ser el presidente de un club de solteros que tenía el Tai por lugar de reunión. No tengo duda de que miraban a los niños con horror y sus ideas de la fidelidad del hogar se expresaba en el hecho de que no permitían a nadie alterar los pequeños arreglos que hacían en su confortable domicilio. Sin embargo, sospeché fuertemente que algunos de estos alegres solterones sostenían intrigas amorosas con muchachas de la tribu; aunque no fueran del conocimiento público. Me topé con Mehevi tres o cuatro veces retozando —de una manera no muy digna para un rey— con una de las muchachas más bellas del valle. Ella vivía con una anciana y un joven en una casa cercana a la de Marheyo; y aunque parecía una niña, ya tenía un hijo de un año de edad muy parecido a Mehevi, quien indudablemente era su padre. Pero el muchacho no tenía triángulos en la cara (aunque pensándolo bien, los tatuajes no son hereditarios). Mehevi, no obstante, no era la única persona con quien se reía la pequeña Mununai: un joven de quince años, que residía con carácter permanente en su casa, decididamente gozaba de sus favores. En ocasiones los vi a los dos, al jefe y a él, hacerle el amor al mismo tiempo. ¿Sería posible, pensé, que el valiente guerrero accediera a compartir a la mujer que ama? También este fue un misterio que, junto con otros de la misma clase, recibirían explicación satisfactoria posteriormente.


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