Typee
Typee Entre los pocos animales que uno encuentra en el Typee, no hubo ninguno que yo mirase con más interés que una especie de lagartos dorados. MedirÃan unas cinco pulgadas de la cabeza a la cola y estaban bien proporcionados. Muchos de aquellos animales podÃan verse calentándose al sol sobre los techos de las casas y a todas horas mostraban su brillo cuando jugueteaban entre la hierba o corrÃan por los altos troncos de los cocoteros. Pero la extraordinaria belleza de estos animales y su vivacidad no eran las únicas cualidades que me atraÃan de ellos. Eran completamente mansos e insensibles al miedo. Con frecuencia, después de sentarme en el suelo en alguna sombra de un dÃa caluroso, me pasaban por encima. Si apartaba a uno de mi brazo, subirÃa a mi cabeza; cuando intentaba asustarlo pellizcándole una pata, se viraba y buscaba protección en la misma mano que lo habÃa atacado.
Los pájaros también son muy mansos. Si se veÃa a uno sobre una rama al alcance de la mano y se avanzaba a él, no huÃa de inmediato sino que esperaba tranquilamente hasta que casi se le tocaba y entonces levantaba vuelo con lentitud, menos alarmado que deseoso de quitarse del camino. Si la sal no hubiera escaseado tanto en el valle, este era el mejor lugar del mundo para cazar pájaros.