Typee
Typee Es este clima el que hace florecer los cocoteros. Su valioso fruto, perfeccionado por el rico suelo de las Marquesas, crece en lo alto de una magistral columna de más de cien pies de altura, pareciendo al principio casi inaccesible a los sencillos nativos. Ciertamente el delgado y parejo tronco, sin protuberancia alguna que facilite su ascenso, representa un obstáculo sólo superable por la sorprendente agilidad e ingenio de los isleños. PodrÃa suponerse que su indolencia los conduce pacientemente a esperar el perÃodo en que los frutos maduros, se apartan lentamente de sus ramas y caen uno tras otro a la tierra. Asà serÃa de no ser que los frutos tiernos, rodeados de una suave cáscara verde y con su incipiente masa adherida como una membrana a sus paredes y el más delicioso néctar en su interior, es lo que más aprecian. Poseen por lo menos unas veinte voces para expresar las distintas etapas de maduración del coco. Muchos de ellos rechazan el fruto salvo en un estado particular de madurez, el cual, por increÃble que parezca, creo que conocen con una o dos horas de diferencia. Otros son aún más caprichosos en sus gustos y, después de reunir un montón de cocos de todas las edades y partirlos ingeniosamente, sorben primero de uno y luego de otro con la meticulosidad de un delicado catador de vinos al probar su copa en medio de los polvorientos garrafones de sus distintas cosechas.