Typee
Typee Ahora el gobierno se vio obligado a actuar y se decidió un mañoso rejuego político por parte de los despreciables consejeros del rey para ganarse las simpatías y suscitar la indignación de la cristiandad. Convencieron a Su Majestad a decir al capitán inglés que, como gobernante consciente de su querido pueblo, no podía cumplir las arbitrarias demandas del lord, y por despreciar los horrores de la guerra, le ofreció que aceptara la "cesión provisional" de las islas, sujeto a las negociaciones que estaban pendientes en Londres. Paulet, marino rudo y honesto, confió en la palabra del rey y luego de algunos arreglos preliminares, tomó el mando de los asuntos hawaianos, con el mismo espíritu firme y benevolente que marcaba la disciplina de su fragata, y que le había hecho el ídolo de la tripulación del barco. Pronto se granjeó las simpatías de casi todos los isleños; pero el rey y los jefes, cuyo gobierno feudal sobre la gente común tratan laboriosamente de perpetuar sus consejeros misioneros, vigilaron todos sus pasos con la mayor animosidad. Celosos de su creciente popularidad, e incapaces de refrenarla, se dispusieron a socavar su reputación en el extranjero protestando ostentosamente contra sus actos y apelando, con frases muy orientales, a que el ancho universo observara y se apiadara de sus agravios sin par.