Typee
Typee Por supuesto, había un desagradable inconveniente a toda esta felicidad: la posibilidad de caer en manos de una partida de sanguinarios taipis cuyo apetito estimulado quizá por el aire de regiones tan altas, podría impulsarlos a devorarme. Debo confesar que ésta era la parte más desagradable de todo el asunto.
Imagine que a una partida de estos salvajes gastrónomos les pasara por la mente hacer un festivo banquete con un pobre diablo que no tendría medio de huir o defensa alguna; pero no había escapatoria. Estaba dispuesto a correr algunos riesgos con el propósito de lograr mis objetivos y contaba mucho con mi capacidad de eludir a estos caníbales merodeadores entre los muchos escondrijos suministrados por las montañas. Además, las probabilidades eran diez a uno a favor de que ninguno ellos subiera hasta esas alturas.