Typee
Typee Nadie vio nunca reír a Toby. Quiero decir con el franco abandono de la hilaridad a carcajadas. Es cierto que sonreía a veces; y había en él buena parte de humor seco y sarcástico que revelaba aún más la imperturbable gravedad de su carácter.
Ultimamente había notado que la melancolía de Toby aumentaba; desde nuestra llegada a las islas le vi con frecuencia mirar pensativo hacia la costa, mientras el resto de la tripulación se divertía en la bodega. Sabía que detestaba el barco y pensé que si se le presentaba la oportunidad de escapar, la aprovecharía de inmediato.
Pero este intento resultaba tan peligroso en el lugar en que estábamos que me consideré el único individuo a bordo suficientemente arrojado para pensar en ello. En esto, sin embargo, estaba equivocado.
Cuando vi a Toby inclinado en la borda, como ya dije, absorto en sus pensamientos, pensé en seguida que el tema de sus meditaciones podría coincidir con el mío. Y si así era, pensé, ¿no es él, de todos mis compañeros de viaje, al que escogería como socio de mis planes? ¿Y por qué no iba a tener a mi lado a un camarada que compartiera los peligros y aliviara las dificultades de esta empresa? Tal vez me viera forzado a ocultarme en las montañas durante semanas, en cuyo caso, ¿no sería un consuelo poder contar con un compañero?