Typee
Typee Lanzando una mirada al valle, vimos a sus salvajes habitantes correr de un lugar a otro al parecer bajo la influencia de alguna repentina alarma y a nuestra vista parecían ligeramente mayores que pigmeos; mientras que sus blancas viviendas de techos de ramas, reducidas por la distancia, parecían miniaturas. Mirar a los isleños desde aquellas alturas nos proporcionó la sensación de seguridad confiando en que, si emprendían nuestra persecución, resultaría infructuosa por la ventaja que teníamos sobre ellos, a menos que se aventuraran a seguirnos a las montañas, a donde sabíamos que no nos seguirían.
No obstante, decidimos aprovechar al máximo esta ventaja y donde las condiciones del terreno lo permitieron, corrimos rápidamente a lo largo de la cima de la colina hasta que nos detuvo un escarpado despeñadero que al principio pareció interponer una barrera real a nuestro avance ulterior. Sin embargo, a fuerza de mucho bregar y arriesgando el pescuezo, salvamos el obstáculo y continuamos nuestra fuga con incansable celeridad.