30 sunsets para enamorarte (Bali 1)
30 sunsets para enamorarte (Bali 1) De pie junto a Nikki, con el sol bañándolos en su luz dorada, Alex sintió algo que creía perdido. La tormenta dentro de él comenzaba a calmarse, y un destello de sol aparecía en el horizonte.
El aire en Bali había cambiado. No era el clima, sino algo intangible entre Alex y Nikki, una energía que oscilaba entre la cercanía y la tensión. Cada día parecía traerlos más cerca de una verdad inevitable, pero también más cerca de un punto de ruptura.
Una noche, mientras las olas golpeaban con furia contra las rocas, Alex y Nikki se encontraban en la terraza de la villa. Una botella de vino medio vacía descansaba entre ellos. La risa fluía fácil, pero la burbuja se rompió cuando Nikki mencionó algo que Alex nunca había compartido: la carta de su madre, aquella que lo había lanzado al abismo del que intentaba escapar.
—Siempre hablas de Londres, del trabajo, de cómo todo se derrumbó... pero nunca dices por qué. —Nikki lo miró fijamente, sus ojos oscuros buscando algo más allá de las palabras.
Alex se tensó. —No es importante.
—No me vengas con eso. Todo esto, este viaje, tú... es obvio que huyes de algo.
—¿Y qué? ¿No lo haces tú también? —replicó Alex con un filo en su voz que no pretendía.
