Carmen
Carmen Los rasgos físicos de los gitanos son más fáciles de distinguir que de describir, y cuando se ha visto a uno solo, se reconocería entre mil a un individuo de esta raza. La fisonomía, la expresión, es, sobre todo, lo que los separa de los pueblos que habitan en el mismo país. Su tez es muy morena, siempre más oscura que la de las gentes entre las que viven. De ahí el nombre de calé, los negros, con el que ellos se designan con frecuencia. Sus ojos, sensiblemente oblicuos, bien rasgados, muy negros, están sombreados por pestañas largas y espesas. Su mirada sólo puede compararse a la de una fiera. En ella se manifiestan al mismo tiempo la audacia y la timidez, y a este respecto sus ojos revelan bastante bien el carácter de esta raza, astuta, atrevida, pero que teme naturalmente los golpes como Panurgo. En su mayoría, los hombres, además de esbeltos y ágiles, tienen buena planta; no creo haber visto ni a uno solo con exceso de peso. En Alemania[25], las gitanas son frecuentemente muy guapas; la belleza, sin embargo, es muy rara entre las gitanas de España. Cuando son muy jóvenes, pueden pasar por agradables feúchas; pero una vez que son madres se ponen repelentes. La suciedad de ambos sexos es increíble, y quien no ha visto el cabello de una matrona gitana, difícilmente se hará idea de él, incluso imaginándose las crines más ásperas, más grasientas, más llenas de polvo. En algunas ciudades grandes de Andalucía, las jóvenes, un poco más agradables que las otras, cuidan más su aspecto. Ésas van a bailar por dinero danzas que se parecen mucho a las que se prohíben en nuestros bailes públicos de carnaval[26]. El señor Borrow, misionero inglés, autor de dos obras muy interesantes sobre los gitanos españoles, que él se había propuesto convertir con cargo a la Sociedad Bíblica, asegura que no hay precedentes de que una gitana haya tenido jamás debilidad alguna por un hombre extraño a su raza. Me parece que hay mucha exageración en los elogios que hace de su castidad. En primer lugar, la mayoría se encuentra en el caso de la fea de Ovidio: Casta quam nemo rogavit. En cuanto a las guapas, son como todas las españolas, difíciles en la elección de amantes. Hay que agradarles, hay que merecerlas. El señor Borrow cita como prueba de su virtud un rasgo que hace honor a la suya, sobre todo a su ingenuidad. Un hombre inmoral, conocido suyo, ofreció inútilmente, según él, varias onzas a una gitana guapa. Un andaluz a quien conté esta anécdota, afirmó que ese hombre inmoral habría tenido más éxito mostrando dos o tres piastras, y que ofrecer onzas de oro a una gitana, era un medio de persuadir tan malo como prometer un millón o dos a una moza de posada. Sea lo que fuere, es cierto que las gitanas muestran una abnegación extraordinaria por sus maridos. No hay peligro ni miserias que no desafíen para socorrerlos en sus necesidades. Uno de los nombres que los gitanos se dan, romé o los esposos, me parece que atestigua el respeto de la raza por el estado de casado. En general, puede decirse que su virtud principal es el patriotismo, si se puede llamar así a la fidelidad que observan en sus relaciones con los individuos del mismo origen que ellos, la solicitud en ayudarse mutuamente, el secreto inviolable que se guardan en los asuntos comprometedores. Por lo demás, en todas las asociaciones secretas y fuera de la ley se observa algo parecido.