Panorama matritense_ obras jocosas y satiricas de El Curioso Parlante
Panorama matritense_ obras jocosas y satiricas de El Curioso Parlante Tal era la vida agreste que llevábamos, y no hay que decir que cada día nos parecía más necia; la salud de Jacinta empeoraba; la mía no ganaba nada, y ni médico ni botica nos inspiraban confianza para consultarlos; el ejercicio que hacíamos en un país árido e ingrato nos cansaba el cuerpo y nos entristecía el alma; todos los objetos que nos rodeaban inspiraban tedio y desazón: la mezquindad de la habitación y los muebles, la grosería de sus dueños, las chanzas pesadas de Ferminillo, la etiqueta de las gentes que llegaban de Madrid, la monotonía de nuestras acciones, el aspecto mísero del lugar, la privación de toda clase de conveniencias, las intrigas y enemistades ridículas que Fermín nos contaba, todo era muy a propósito para acabarnos de fastidiar, y al cabo de quince días (de los cuales, según mi cuenta, pasamos durmiendo los diez y medio) se empezó a tratar de volver a Madrid. Un incidente imprevisto vino a precipitarlo.
Hacía dos o tres noches que yo había visto por las ventanas que daban a las eras pasar un hombre a caballo con aspecto misterioso, y haciendo salir a Fermín, vi que se hablaban y que se despidió de él el caballero; con lo cual y con decirme Fermín que era un conocido de Madrid que estaba en el pueblo, cesaron mis sospechas, a pesar de que otras noches, a la misma hora, solía verle rondar la casa.