Panorama matritense_ obras jocosas y satiricas de El Curioso Parlante
Panorama matritense_ obras jocosas y satiricas de El Curioso Parlante Pero como todavía no eran más que los once y media, me dirigí por el pronto a una de las tiendas conocidas de la calle de la Montera, y me senté delante del pequeño mostrador, coronado de relojes, lamparillas, templos góticos, escaparates y quinqués; pero no era yo solo el concurrente, pues ya otros tres elegantes abonados ocupaban los demás asientos.
Queriendo emplear en algo el tiempo y pedí bastones para escoger uno; al momento todos empezaron a aconsejarme el que debía tomar, alabarme su belleza y asegurarme que era igual al que llevaba el Duque de… y en fin, a hacer los demás oficios propios del mercader; yo, que di poca importancia a sus expresiones, tomé el me pareció, y aún estaba contemplándole, cuando llegó otro camarada que le cogió en sus manos, empezó a blandirle y a probar su elasticidad con tal brío, que a los cincuenta minutos tuve el consuelo de verle dividido en dos.
Luego otro de ellos fue a dar una vuelta rápida y rompió el fanal de un reloj; verdad es que quiso pagarlo, pero el dueño no lo permitió; después se levantaron todos y se pusieron a la puerta, y en entrando alguna señora, entraban detrás, y haciendo los mismos elogios de todo lo que ponía en precio; con esto y con algunas palabras más o menos ligeras, noté que las ahuyentaban, en términos que el dueño de la tienda iba poniendo un gesto bastante expresivo.