Panorama matritense_ obras jocosas y satiricas de El Curioso Parlante
Panorama matritense_ obras jocosas y satiricas de El Curioso Parlante Mas en ninguna parte bullía tanta multitud ni se reproducían más escenas que alrededor de los puestos de libros, y no hay necesidad de decir que el Provinciano y yo, como aficionados, tardamos poco en engolfarnos en ellos. Y mientras cogíamos éste, abríamos aquí, hojeábamos el otro o tirábamos el de más allá, no podían menos de distraer nuestra atención algunos de los episodios que pasaban a nuestro lado; por ejemplo: llegó un pedantón de éstos que hablan poco y gesticulan mucho; de éstos que todo lo desprecian y que nada hacen; de éstos, en fin, que se suponen superiores al mundo entero, porque el mundo entero no se ha querido tomar el trabajo de desmentirles; caló sus anteojos, apartó a todo el mundo, pidió un libro en griego y otro en alemán; pero mientras lo contemplábamos con gran respeto, no pudimos menos de observar que estaba muy entretenido en mirar las láminas, sin hacer la menor señal de entender el texto. Otros estaban con la nariz en el suelo rebuscando en el montón de Artes de Cocina, Formularios, Gulas atrasadas, Bertoldos, Soledades y Secretos raros, que se daban a cuatro reales chico con grande; y todos alargaban la mano a un tomo del Diccionario de M… porque tenía un forro muy bonito, y luego, en leyendo la portada soltábanle, ni más ni menos que si se hubieran quemado los dedos. ¡Oh, y cuántas producciones clásicas de nuestros días, cuyos recientes anuncios ablandan aún las esquinas de la capital, yacían en aquel osario, heridas de prematura y no sospechosa muerte! Allí las novísimas Historias y Compendios abreviados; allí los Retratos y Discursos; allí las sensibles parejas Fulano y Zutana; los Amantes desgraciados y los dichosos; los Castillos góticos; los Espectros y Fantasmas en galería; las Artes para todo, que de nada sirven; los Tratados breves; las Memorias y Folletos; las Enciclopedias que pueden ir en carta; las traducciones, las imitaciones, las refundiciones, las visiones y las aberraciones ¿Quién al mirar tal destrozo no había de temblar por sí? Yo al menos hice mis Mementos, y por si también me alcanzaba el castigo, exclamé con fervor: