El dominico blanco
El dominico blanco —Lo que me cuenta, señor barón, suena demasiado a masonerÃa para que yo, un sacerdote católico, pueda aceptarlo sin réplica. Esto que usted llama el mortÃfero viento del norte es para mà masonerÃa y todo cuanto con ella se relaciona. Sé muy bien, y hemos hablado bastante a menudo de este tema, que todos los grandes pintores y artistas se agruparon en una asociación que llamaron gremio y del que dieron cumplida noticia a todos los paÃses valiéndose de signos secretos (casi siempre posiciones de los dedos y gestos de las manos) en las figuras de sus cuadros o en guiños de nubes con rostro y a veces también en la elección de colores. La Iglesia, antes de encargarles las imágenes de santos, les hacÃa prometer con frecuencia omitir semejantes signos, pero ellos conseguÃan una y otra vez zafarse de tal promesa. Se reprocha a la Iglesia que diga, aunque no al alcance de todos los oÃdos, que el arte procede del diablo. ¿Es esto tan incomprensible para un católico riguroso, sabiendo que los artistas poseÃan y protegÃan un secreto dirigido a todas luces contra la Iglesia?
»Conozco una carta de un gran pintor de entonces en la que confiesa abiertamente a un amigo español la existencia de la asociación secreta.