El dominico blanco

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Capítulo 6

Como antes, trotan los niños detrás de mí cuando recorro las calles con la cabeza alta, orgulloso del cargo honorario de los Von Jocher, ahora que sé que el abuelo es también el mío; pero su estribillo burlón: «Taubenschlag, Taubenschlag, Taubenschlag», suena más débil; la mayoría de ellos se contenta con dar palmadas rítmicas o sólo canturrear: «Tarará».

¡Incluso los adultos! Se quitan el sombrero para agradecer mi saludo, cuando antes sólo inclinaban la cabeza, y si me ven acercarme a la tumba de mi madre, a donde voy todos los días, juntan las cabezas a mis espaldas y murmuran entre sí; por la pequeña ciudad ha corrido la voz de que soy hijo carnal del barón Von Jocher ¡y no sólo su hijo adoptivo!

La señora Aglaja hace una reverencia como ante una procesión cada vez que nos encontramos ¡y aprovecha cualquier ocasión para dirigirme la palabra y preguntar cómo me encuentro!

Cuando va con Ofelia, siempre las esquivo para que ninguno de los dos tengamos que ruborizarnos ante la actitud deferente de la anciana.

El maestro tornero Mutschelknaus se pone rígido cuando me ve; si cree que no ha sido visto, corre a esconderse en su cueva como un ratón asustado.


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