El Golem [Trad. Jose Rafael Hernandez Arias]
El Golem [Trad. Jose Rafael Hernandez Arias] Hasta muy entrada la noche estuve yendo de un lado a otro en la habitación, sin descanso, y me machaqué el cerebro pensando en la manera en que podría ayudarla. A menudo estuve a punto de bajar a ver a Schemajah Hillel, para contarle lo que se me había confiado y pedirle consejo. Pero siempre terminé descartándolo.
Se alzaba tan gigantesco en mi mente que parecía una profanación importunarle con cosas que afectaban a la vida exterior; pero después se repetían momentos en que tenía serias dudas de si en realidad había experimentado todo lo que había ocurrido en ese breve periodo de tiempo y que, sin embargo, parecía haber palidecido de manera tan extraña, comparado con las vivencias tan intensas del resto del día.
¿Acaso no lo habría soñado? ¿Podía aceptar yo —un hombre a quien le ha ocurrido algo tan inaudito como el olvido de su pasado— como certeza, aunque sólo fuera un segundo, aquello para lo que únicamente mi mero recuerdo se presentaba como testigo?
Mi mirada recayó en la vela de Hillel, que aún estaba al lado del sillón. Gracias a Dios, al menos había una cosa segura: ¡había tenido un encuentro real con él!
¿Acaso no debía bajar sin reflexionar más, abrazarme a sus rodillas y quejarme, de hombre a hombre, del indecible dolor que devoraba mi corazón?
