El Golem [Trad. Jose Rafael Hernandez Arias]
El Golem [Trad. Jose Rafael Hernandez Arias] La visión del monje en la catedral, sobre cuyos hombros había surgido ayer la cabeza de Charousek como respuesta a mi muda súplica de consejo, me indicaba claramente que a partir de entonces no despreciara sin más las sensaciones oscuras. Fuerzas secretas germinaban en mí desde hacía algún tiempo, eso era seguro, lo notaba de una manera demasiado poderosa como para intentar negarlo. Comprendí que la clave debía estar en sentir las letras, no sólo en leerlas con los ojos en libros, sino situar a un intérprete en mi interior que me tradujera lo que los instintos murmuran sin palabras, entenderme con mi propio interior mediante un lenguaje claro.
«Tienen ojos y no ven; tienen oídos y no oyen», recordé el pasaje bíblico como una explicación de lo anterior.
«Clave, clave, clave», repitieron mecánicamente mis labios, mientras el espíritu evocaba esas ideas extrañas. Esto lo noté de repente.
Clave, ¿clave…? Mi mirada recayó en el cable torcido en mi mano, que antes me había servido para abrir la puerta de la despensa, y una ardiente curiosidad me hostigó para averiguar adónde podía conducir la trampilla del estudio.
Y sin reflexionar subí una vez más al estudio de Savioli y tiré del asa de la puerta hasta que logré levantarla.
Al principio nada salvo oscuridad.