El Golem [Trad. Jose Rafael Hernandez Arias]
El Golem [Trad. Jose Rafael Hernandez Arias] Pero tampoco. Siguieron rígidamente fieles a sus formas. Con demasiada rigidez en la penumbra reinante como para ser algo natural.
«Están bajo la misma coacción bajo la que tú estás», sentí. «No se atreven a hacer el mínimo movimiento».
¿Por qué no funciona el reloj de pared?
La asechanza a mi alrededor engullía cada sonido.
Moví la mesa y me asombré de que no pudiera oír el ruido.
¡Si al menos silbara el viento fuera de la casa!
¡Ni siquiera eso! O si la madera crepitara en la estufa… el fuego se había apagado. Y una vez más esa espantosa asechanza en el aire… continua, ininterrumpida, como el fluir del agua.
¡Ese vano estado de alerta de todos mis sentidos! Desesperaba de poder resistirlo. El espacio lleno de ojos que no podía ver, de manos en continuo movimiento que no podía tocar.
«Es el espanto que se alimenta de sí mismo, el horror paralizante de la inaprensible nada, que no tiene ninguna forma y que devora los límites de nuestra mente», comprendí de una manera confusa.
Me puse rígido y esperé.
Esperé como un cuarto de hora: tal vez «se» dejaría engañar y «se» deslizaría por detrás hacia mí y podría sorprenderlo.