El Golem [Trad. Jose Rafael Hernandez Arias]
El Golem [Trad. Jose Rafael Hernandez Arias] Algo parecido a una sacudida eléctrica me privó del conocimiento por un momento, y creí precipitarme en una profundidad insondable… hasta que de repente me encontré firme sobre mis pies.
La criatura gris había desaparecido. Al igual que el ser del círculo rojizo.
Las figuras azuladas, en cambio, habían formado un círculo a mi alrededor; llevaban una inscripción de jeroglíficos dorados en el pecho y mantenían en silencio —parecía como un juramento— los granos rojos en alto, entre el dedo índice y el pulgar, que yo le había quitado de la mano al espectro sin cabeza.
Oí que el granizo golpeaba el cristal de la ventana y cómo el estruendo de un trueno rompía el aire.
Una tormenta de invierno se desencadenaba con toda su furia sobre la ciudad. Desde el río llegaban, abriéndose paso por los aullidos de la tormenta, en rítmicos intervalos, los sordos cañonazos que anunciaban la ruptura de la cubierta de nieve del Moldau. La habitación llameaba con la luz de los rayos que se sucedían ininterrumpidos. De pronto me sentí tan débil que me temblaron las rodillas y tuve que sentarme.
«Tranquilízate», dijo claramente una voz junto a mí, «tranquilízate, hoy es el Lelschimurim: la noche de la protección».