El Golem [Trad. Jose Rafael Hernandez Arias]
El Golem [Trad. Jose Rafael Hernandez Arias] Las horas de los últimos días pasaron volando. Apenas tuve tiempo ni para comer.
Un impulso irresistible de actividad externa me aferró a la mesa desde por la mañana temprano hasta la noche.
Había terminado la gema, y Miriam se alegró como un niño por ella.
También había restaurado la letra «I» en el libro Ibbur.
Me recliné y dejé pasar ante mí lleno de sosiego los pequeños acontecimientos que se habían producido en las últimas horas.
Recordé cómo la anciana que me servía, en la mañana de la tormenta, se precipitó en mi habitación con la noticia de que el puente de piedra se había caído esa noche.
¡Qué extraño… caído! Tal vez precisamente a la hora en que yo… los granos… no, no, no debía pensar en ello: lo que pasó entonces podía recibir una pátina de sobriedad y yo me había propuesto dejarlo enterrado en mi pecho hasta que despertara de nuevo por sí mismo… tan sólo no tocarlo.
¡Cuánto tiempo había transcurrido desde que había estado en el puente, contemplando las estatuas… y ahora el puente, que había resistido siglos, estaba en ruinas!
