El Golem [Trad. Jose Rafael Hernandez Arias]
El Golem [Trad. Jose Rafael Hernandez Arias] ¿Dónde se había metido Charousek?
Habían pasado casi veinticuatro horas y aún no había aparecido.
¿Se había olvidado de la señal convenida? ¿O acaso no la veía?
Fui a la ventana y situé el espejo de tal manera que el rayo de sol diera directamente en el tragaluz enrejado de su vivienda en el sótano.
La intervención de Hillel —ayer— me había tranquilizado bastante. Me habría avisado con toda seguridad si hubiera algún peligro en ciernes.
Además: Wassertrum ya no podía emprender nada de importancia; poco después de haber abandonado mi casa, había regresado a su tienda. Eché un vistazo hacia abajo: eso es, ahí se reclinaba inmóvil tras sus hornillas, igual que por la mañana temprano.
¡Insoportable, la eterna espera! El suave aire primaveral que penetraba por la ventana abierta desde la habitación contigua me ponía enfermo de anhelo.
¡Esas gotas derretidas de los tejados! ¡Y cómo brillaban al sol los finos cordones de agua!
Algo parecía tirar de mí con hilos invisibles. Lleno de impaciencia iba de un lado a otro en la habitación. Me arrojó en un sillón. Me volví a levantar.
No quería apartarse de mi pecho ese brote adicto de un enamoramiento incierto.
