El Golem [Trad. Jose Rafael Hernandez Arias]
El Golem [Trad. Jose Rafael Hernandez Arias] Con las manos esposadas a la espalda, y detrás de mí un gendarme con la bayoneta calada, tuve que caminar de noche por las calles iluminadas.
Unos niños me acompañaban a izquierda y derecha dando voces, las mujeres abrían las ventanas, me amenazaban con cucharones y me insultaban a mis espaldas.
Desde lejos vi el masivo cubo pétreo del edificio de justicia con la inscripción en la fachada:
LA JUSTICIA PENAL
ES LA PROTECCIÓN DE TODOS LOS HOMBRES DE BIEN.
Me acogió una puerta enorme y un pasillo donde apestaba a cocina.
Un hombre barbado con sable, chaqueta de funcionario y gorra, descalzo y con calzoncillos largos y doblados en los tobillos, se levantó, apartó el molinillo de café que tenía entre las piernas y me ordenó que me desvistiera.
A continuación, registró mis bolsillos, sacó todo lo que encontró en ellos y me preguntó… si tenía chinches.
Cuando lo negué, me quitó los anillos de los dedos y dijo que estaba bien, que podía volver a vestirme.
Me subieron varios pisos y me hicieron pasar por largos corredores, en los que había grandes cajas grises que se podían cerrar y que ocupaban los huecos de las ventanas.
