El Golem [Trad. Jose Rafael Hernandez Arias]
El Golem [Trad. Jose Rafael Hernandez Arias] Junto a mí estaba el estudiante Charousek, con el cuello levantado de su delgado y raído abrigo, y yo oía cómo le rechinaban los dientes de frío.
Podía coger una pulmonía de muerte en ese portal gélido y batido por el viento, me dije, así que le pedí que subiera a mi habitación.
Pero él rechazó la oferta.
—Se lo agradezco, maestro Pernath —murmuró temblando—, por desgracia no tengo mucho tiempo, he de ir urgentemente a la ciudad. Además, nos empaparíamos hasta los huesos si quisiéramos salir ahora a la calle, ¡tras sólo unos pasos! ¡El chaparrón no quiere parar!
Los aguaceros barrían los tejados y descendían por las fachadas de las casas como un torrente de lágrimas.
Si inclinaba un poco la cabeza podía ver allá arriba, en el cuarto piso, mi ventana, surcada por tantas gotas de lluvia que parecía como si los cristales se hubiesen reblandecido; se habían tornado opacos y viscosos como gelatina.
Un sucio arroyo amarillo corría por la callejuela y el portal se llenó de paseantes que querían esperar a que cesara la lluvia.
