El Golem [Trad. Jose Rafael Hernandez Arias]
El Golem [Trad. Jose Rafael Hernandez Arias] Tras recorrer unos metros el coche se detuvo.
—¿La calle Hahnpass, señor?
—¡SÃ, sÃ, rápido!
El coche avanzó un trecho más, pero volvió a detenerse.
—¡Pero por el amor de Dios, qué pasa ahora!
—¿La calle Hahnpass, señor?
—¡SÃ, sÃ!
—En esa calle no se puede entrar.
—¿Por qué no?
—Por todas partes se ha levantado el empedrado. Están saneando la juderÃa.
—Lléveme entonces hasta donde pueda, pero por favor lo más deprisa que pueda.
El coche dio un respingo como si fuera a salir al galope y luego siguió a un trote cómodo.
Bajé las ventanillas y aspiré con pulmones codiciosos el aire nocturno.
Todo me resultaba tan extraño, tan incomprensiblemente nuevo: las casas, las calles, las tiendas cerradas.
Un perro blanco pasó por la húmeda acera malhumorado. Lo seguà con la mirada. ¡Qué extraño! ¡Un perro! HabÃa olvidado que existÃan esos animales. Lo llamé por pura alegrÃa, como un niño. ¡Pero cómo se puede estar de tan mal humor!
