El Golem [Trad. Jose Rafael Hernandez Arias]
El Golem [Trad. Jose Rafael Hernandez Arias] Zwakh había subido las escaleras precediéndonos, y yo oí cómo Miriam, la hija del archivero Hillel, le preguntaba angustiada y él intentaba tranquilizarla.
No me esforzaba en escuchar lo que hablaban entre ellos, y adivinaba más de lo que entendía de las palabras de lo que Zwakh contaba, había tenido un accidente y venían a pedir que me prestaran los primeros auxilios y me devolvieran la consciencia.
Aún no podía mover ni un miembro, y los dedos invisibles sostenían mi lengua; pero mi pensamiento era seguro y sólido, y la sensación de espanto había desaparecido. Sabía muy bien dónde estaba y lo que me ocurría, y ni siquiera consideraba extraño que me llevaran como a un muerto, que pusieran la camilla en la habitación de Schemajah Hillel y… me dejaran solo.
Me invadió una satisfacción tranquila y natural, como la que se goza cuando se regresa a casa después de una larga excursión.
La habitación estaba oscura, y los marcos de las ventanas, en forma de cruz, destacaban con sus confusos contornos de las nieblas débilmente luminosas que ascendían de la calle.
Todo me parecía evidente, y no me sorprendía ni que Hillel entrara con un candelabro sabático de siete velas, ni que me dijera con tranquilidad «buenas noches» como a alguien a quien había estado esperando.