El rostro verde
El rostro verde ¿Se realizará el ansia vehemente
De tu alma?
Intervén tú mismo con resolución
Y pon la voluntad en el lugar
Del deseo.
Estaba escrito con letras de tinta roja —¿o era sangre?— sobre la tira de papel.
«Qué lástima no haberme fijado en mi pregunta —pensó el forastero, y preguntó: ¿Cuánto?».
—Veinte florines, señor.
—Bien. Por favor —el forastero dudó si llevarse el cráneo en ese mismo momento, no, imposible, en la calle me tomarÃan por Hamlet— mándemelo a mi casa. Lo pago ahora. Involuntariamente echó una mirada al despacho, el viejo judÃo se tenÃa ante su pupitre en una inmovilidad sospechosa, parecÃa no haber dejado ni un instante de hacer anotaciones en su libro. Luego el forastero apuntó su nombre y dirección en un bloc que la dependienta le habÃa tendido
Fortunato Hauberrisser.
Ingeniero.
Hooigracht, 47.
Después abandonó el Salón de artÃculos misteriosos, todavÃa algo aturdido.