El rostro verde
El rostro verde —¿Sabe lo que habrÃa pasado de haber cometido usted el asesinato realmente? —preguntó Sephardi con insistencia—. ¡Lo habrÃan condenado a muerte!
—¡Hm! Condenado a muerte.
—SÃ, señor. ¿No le asusta la idea?
Evidentemente, la cuestión no producÃa ningún efecto en el viejo. Su rostro se volvió tan sólo algo más pensativo, como si lo iluminara un recuerdo. Alzó los hombros y dijo:
—Han ocurrido cosas mucho más terribles en mi vida, señor doctor.
Sephardi aguardó a que siguiera hablando, pero Eidotter se habÃa sumido nuevamente en un silencio de muerte.
—¿Siempre ha sido comerciante de licores?
El viejo sacudió la cabeza, asintiendo.
—¿Marcha bien su negocio?
—No lo sé.
—Pues si es tan indiferente con su negocio, un dÃa lo perderá todo.
—Claro, cuando uno se descuida —fue la ingenua respuesta de Eidotter.
—¿Y quién cuida de él? ¿Usted? ¿O tiene mujer e hijos que se ocupen de él?
—Mi mujer murió hace mucho tiempo y… y los niños también.