El rostro verde
El rostro verde La construcción, en forma de dado, recordaba una sombrÃa torre rectangular que hubiera ido hundiéndose paulatinamente en la blanda tierra turbosa, hasta el borde de su pétrea golilla —el voladizo acristalado—. En el centro del escaparate, sobre un zócalo revestido de tela roja, reposaba una calavera de papel maché amarillo oscuro. Su aspecto era muy poco natural, debido a la excesiva longitud de la mandÃbula superior, a la tinta negra de las cuencas de los ojos y a las sombras de las sienes; entre los dientes sostenÃa un As de picas. Encima habÃa una inscripción que decÃa: «Het Delpsche Orakel, of de stem uit het Geesteryk» (El oráculo de Delfos, la voz del reino de los fantasmas).
Del techo pendÃan grandes anillos de lata engarzados como eslabones de cadena, de los que colgaban guirnaldas de chillonas postales, postales en las que podÃan verse rostros de suegras salpicados de verrugas y con candados en los labios, o esposas malvadas amenazando con la escoba. HabÃa otras estampas de colores más transparentes, exuberantes señoritas en camisa, sujetándose púdicamente la pechera, y más abajo la leyenda: «Tegen het Licht te bekijken. Voor Gourmands» (Para mirar a contraluz, para gourmets).
